martes, 23 de marzo de 2010

El Cristian


Cristian, de pantalones a la moda, camisa y bigotes minuciosamente cortados. Miraba las bicicletas y manoseaba sus terminaciones, tomó el papelito del precio y se quedó fíjo ahí unos diez segundos.

...Aquella noche volvió a ser navidad, Cristian entró a la casa con una botellita en su mano izquierda y un cigarrito en la otra, se apoyó un momento en la pared y se largó a llorar, quizá esto fué lo único que recordaba al hombre que alguna vez fué, y no es que haya sido bondadoso, sino que gastaba menos tiempo en "la bebida". Ricardito bajó las escaleras y al ver esta situación comprendió que nuevamente habría sólo pesebre, pero aun así se arrimó junto a su padre, los niños no entienden el orgullo...y no deberían, por esto mismo fue mas sorpresa que miedo el que su papá lo haya tirado bruscamente al suelo. Ricardito no lloraba, sólo era una respuesta inquieta a su desdicha, imaginó a su padre bailando y rápidamente volcó en risas...ya no puede contar nada, pero aún no lo nota.

Cristian reposaba en el sofá, encendió otro cigarro(el cuarto en casa), aspiró, lo dejó en el cenicero, botó el humo y cerró los ojos, por un momento pensó en el pasado pero le distrajo el mal sabor, le pareció mas bien un repudio a lo antaño, comprendió que el recuerdo no sabía mal, sino que ahora era un hombre enfermo, que nunca aceptó la pérdida y que su vicio no era mas que el tiempo que le faltó olvidarse de ella. El recuerdo no sabía a ella, sabía a su propio miedo, era orgullo.

Llegada la luna reposó en su cama, las dos plazas le atrajo nuevamente a quien sonreía desde el velador, atosigado de impresiónes trató de sumirse al sueño, ricardito ya se acostaba solo.

Temprano el niño despertó al frescor de un gran parque, alzó la vista y notó a su padre colocar una flor sobre una piedra tallada, no se inquietó con esto, mas interés le causaba el que aquellos árboles fueran tan altos. <>, le tomó la mano. <<¿te acuerdas de la foto de mi velador?>>